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[La Caja] SEGUNDA PARTE - Cómo entramos en la caja - Kate


SEGUNDA PARTE
Cómo entramos en la caja
Kate
Sólo había estado con Kate una vez. Ella fue la última de mis ocho entrevistadores. Me agradó en seguida, y desde entonces había averiguado que eso mismo le sucedía a casi todo el mundo en la empresa.
Su historia era en cierto modo la de Zagrum y, como sucedía con la de la empresa, se contaba y se transmitía a los empleados recién llegados. Entró a formar parte de la empresa en cuanto terminó sus estudios, creo que en el Williams College, hacía ya unos veinticinco años, con un título en historia. Fue una de las primeras veinte empleadas de Zagrum y empezó tomando pedidos. En aquellos tiempos parecía como si el futuro de la empresa estuviera rodeado de constantes dudas. Después de cinco años, convertida ya en directora de ventas de Zagrum, Kate se marchó en busca de una mejor oportunidad, aunque terminó por cambiar de idea gracias a una apelación personal del propio Lou. Desde entonces y hasta la jubilación de Lou, Kate había sido la segunda al mando en Zagrum, la «mano derecha» de Lou, por así decirlo.
Una vez que él se jubiló, fue nombrada presidenta ejecutiva.
—Hola, Tom —me saludó, tendiéndome la mano—. Es agradable verle de nuevo. ¿Le trata bien la vida?
—Sí, no puedo quejarme —contesté, haciendo un esfuerzo para ignorar, por el momento, tanto mi sorpresa por encontrármela como por el desastre en que se había convertido mi vida familiar—. ¿Ya usted?
—Me temo que nunca hay un momento para aburrirse —contestó con una risita.
—Casi no puedo creer que recuerde usted quién soy —le dije.
—¿Qué? ¿Olvidar a un socio de los St. Louis Cardinals? Nunca. Además, acudo para reunirme con usted.
—¿Conmigo? —pregunté con incredulidad, señalándome el pecho con un dedo.
—Así es. ¿Bud no le dijo nada?
—No, o al menos no lo creo, y estoy seguro de que lo recordaría si me lo hubiera dicho.
—Bueno, quizá pretendía darle una sorpresa. Imagino que se la he echado a perder —dijo con una mueca burlona sin que, al parecer, lo lamentara—. No tengo muchas oportunidades de tomar parte en estas sesiones, aunque lo intento si me lo permite mi agenda. En realidad, es lo que más me gusta de todo.
—¿Reuniones sin fin para hablar de los problemas de la gente? —pregunté en tono jocoso.
—¿Cree acaso que es eso lo que está sucediendo? —me preguntó con una ligera sonrisa en los labios.
—No, sólo bromeaba. En realidad, es todo bastante interesante, aunque tengo algunas cuestiones que plantear.
—Bien. Esperaba que fuera así. Y está usted con la persona adecuada. No hay nadie mejor que Bud para aprender todo esto.
—No obstante, tengo que decir que me asombra que usted y Bud vayan a pasar toda la tarde conmigo. Quiero decir, ¿no tienen una forma más importante de utilizar su tiempo?
Kate se detuvo de pronto y, del mismo modo repentino, hubiera querido retirar aquella pregunta. Ella me miró con seriedad.
—Quizás esto le parezca extraño, Tom, pero no hay, realmente, nada más importante que esto, al menos desde nuestro punto de vista. Casi todo lo que hacemos aquí, en Zagrum, desde nuestras formulaciones de trabajo hasta nuestros procesos de información y nuestras estrategias de medición, todo eso se crea sobre la base de lo que está usted aprendiendo. «¿Qué tiene que ver todo esto con la medición?», me pregunté. No pude ver relación alguna.
—Pero todavía no cabe esperar que haya desarrollado ya una cierta sensibilidad sobre el tema. Apenas acaba de empezar. De todos modos, creo que sé a qué se refiere.
—Reanudó el paso, aunque ahora más lentamente—.
Parece un poco excesivo tenernos a Bud y a mí atados a usted durante toda la tarde. Y ciertamente, es un poco excesivo. Yo no necesitaría estar aquí. Bud es mucho mejor explicándolo todo. Lo que sucede es que el tema me agrada tanto que, si pudiera, si no tuviera todas las otras responsabilidades que me atan, estaría presente en cada una de estas reuniones. ¿Quién sabe? Quizás algún día le arrebate a Bud esa responsabilidad —dijo, echándose a reír sólo de pensarlo—. Hoy es una de esas raras ocasiones en las que puedo estar presente, aunque es posible que tenga que salir un poco temprano.
Durante un momento, caminamos en silencio.
—Bueno, dígame cómo han ido las cosas hasta el momento —me preguntó.
—¿Se refiere a mi trabajo?
—A su trabajo, sí, aunque en realidad me refería a su experiencia de hoy.
¿Cómo le ha ido?
—Bueno, aparte de enterarme de que estoy metido en la caja, todo va estupendamente —contesté con una amplia sonrisa.
—Sí, ya sé lo que quiere decir —asintió Kate echándose a reír—. Pero no se lo tome de forma tan rígida. Bud también está en la caja, ¿sabe? —me dijo con una suave sonrisa, tocándome ligeramente el codo—. Y, si le sirve de consuelo, yo también.
—Pero si por lo que parece todo el mundo está en la caja, incluidas personas de tanto éxito como usted y Bud, ¿a qué viene todo esto?
—La cuestión es que, aun cuando a veces estemos en la caja, y probablemente siempre lo estaremos en mayor o menor medida, hemos alcanzado el éxito gracias a las veces y las formas en que aquí, en esta empresa, hemos estado fuera de ella. El propósito de todo esto no es la perfección. Nada más lejos de la realidad. Se trata, simplemente, de mejorar. Mejorar de una forma tan sistemática y concreta, que permita mejorar a su vez al personal de la empresa. Es esa clase de mentalidad de liderazgo, aplicada a todos los niveles de la organización, lo que nos distingue. »Parte de la razón por la que acudo a estas sesiones siempre que puedo es para recordar algunas cosas. La caja es un lugar lleno de trampas. Seguro que al final de la jornada ya habrá comprendido mucho más al respecto.
—Pero hay una cosa que me tiene perplejo ahora mismo, Kate.
—¿Sólo una cosa? —me preguntó sonriente mientras subíamos la escalera hacia el tercer piso.
—Bueno, quizá más de una, pero ahí va una para abrir boca. Si hay realmente dos formas de ser, la de estar fuera de la caja, en la que veo a la gente como personas, y la de estar dentro de ella, en la que veo a las personas como objetos, ¿qué le hace a uno ser de una forma o de otra? —Estaba pensando en Laura y en lo imposible que es—. Quiero decir, estoy pensando en una situación en la que resulta imposible estar fuera de la caja con respecto a alguien. Realmente imposible.
Daba la impresión de que debía continuar el pensamiento o la cuestión, fuera la que fuese, pero no se me ocurrió nada más que decir, así que me detuve.
—Creo que Bud debería intervenir para contestar esa pregunta —dijo Kate— Ya hemos llegado.


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Publicado por VRedondoF para La Caja el 4/03/2010 12:57:00 PM